La promulgación del decreto de las Cortes
del 10 de diciembre de 1810 sobre la libertad de imprenta supuso para los
liberales una victoria aplastante sobre los serviles. Pero no duró mucho su
triunfo. A falta de impedir la adopción de este texto, los defensores de la
religión y de la monarquía absoluta se valieron de él para multiplicar, por
toda la España no ocupada por las tropas imperiales, las publicaciones
adversas a cuantas reformas pudieran promover los representantes de la
Nación. Mientras reclamaban a voces (en nombre de sus principios) la
prohibición del Diccionario crítico burlesco así como el castigo de
su autor, denunciaron (en aplicación del aborrecido principio de la
libertad de imprenta) a sus adversarios en términos de extrema violencia y
unas veces auténticamente soeces.
La guerra de la pluma (expresión ya
utilizada, por ejemplo, por Leclerc en su Histoire des Provinces Unies
(1728) o Voltaire en su correspondencia, y empleada también por El
Conciso) que opuso redactores de diarios o periódicos liberales y
serviles tomó incluso, de vez en cuando, la apariencia de una auténtica
guerra civil: así en el Tío tremenda o los Críticos del malecón
(Sevilla, 1812), José María Diez del Río se preguntaba (en su idioma
singular) « cual de las dos guerras nos está dando mas daño, si la de los
gabachos o esta que nos ha traído la libertá de jablar y de escrebir, o
para icirlo mejor, el abuso de la libertá. »
Mientras que todos los regímenes
absolutistas o dictatoriales (desde Fernando VII hasta el general Franco,
pasando por Primo de Rivera) amordazaron sistemáticamente cualquier tipo de
prensa de oposición, los sistemas democráticos (monarquías constitucionales
o repúblicas) no supieron, no pudieron o sobre todo no quisieron, las más
veces, silenciar a la prensa reaccionaria como consecuencia de libertad de
pensamiento y de expresión considerada, desde el 26 de agosto de 1789, como
uno de los derechos fundamentales del Hombre y del Ciudadano.
Esta presencia ininterrumpida de una
prensa reaccionaria de 1810 a nuestros día s nos obliga a prestarle
especial atención, incluso si los investigadores (como es lógico)
manifiestan hacia ella alguna reticencia por su pretendida falta de
originalidad. Por ello El Argonauta español decidió consagrar la
primera entrega del número 9 (enero 2012) a este tema. El estudio de
periódicos publicados durante toda la época contemporánea permitirá
solucionar algunos problemas fundamentales como la financiación de dichos
periódicos, la procedencia de sus redactores, su difusión e impacto, la
evolución de los principales temas, etc.
El programa es ambicioso y amplio.
Demasiado amplio incluso en caso de cometer el abuso de idioma (tan
frecuente en la dialéctica política) de confundir “reaccionario” con
conservador. Por cierto el matiz es a veces tenue. Pero deseamos ceñirnos a
la definición de “reacción” tal como quedó aceptada, en Francia, desde
1796, o sea: « corriente de ideas, acción que se opone al progreso social
procedente de la Revolución [de las revoluciones, por lo que se refiere a
la larga duración] y aspira a restablecer las instituciones anteriores »
Los investigadores que deseen embarcarse
con El Argonauta español para explorar aquellas tierras si no
incógnitas, por lo menos poco conocidas, deberán remitirnos, como más tarde
el 31 de mayo de 2011, una propuesta de colaboración detallada. Pero la
aceptación por el comité director de dichos proyectos no supondrá un
compromiso firme de publicación, puesto que, como ya será regla para
cualquier artículo comunicado, el texto integral de los artículos (que
habrá de ser remitido, como más tarde, el 31 de octubre de 2011) se
someterán a la apreciación de dos expertos independientes que habrán de
convalidar el nivel científico de la publicación. A pesar de esta vuelta a
prácticas propias de la época remota en la que el Consejo de Castilla
amenazaba a los autores con su terrible « no ha lugar », rogamos a
nuestros lectores y colaboradores de no incluir a El Argonauta español
entre las revistas « reaccionarias ».
NB: las propuestas y artículos se
remitirán a :
argonauta@mmsh.univ-aix.fr